Mañana fría, como ninguna en
los anteriores días, debido al clima tan diverso que posee la capital; camino
lentamente por una empinada calle pensando en toda la historia que se esconde
detrás de estas veredas de uno de los barrios más antiguos de la ciudad.
Mientras pido un aventón al
carro de la policía comunitaria, voy imaginando qué tipo de preguntas puedo
formular a la máxima autoridad del lugar.
Llego a su hogar nervioso,
asustado y poco ubicado; y me topo con una realidad totalmente diferente a la
que esperaba hallar ahí. Timbro a la puerta de ese humilde hogar cuando un
hombre mayor de aspecto amable y triste (a la vez) me abre la puerta siendo el
nexo primordial para lo que nunca imaginaba.