Muchas
veces simplemente quisiera que la realidad no lo fuera, y que al despertarme
esté viviendo un sueño; pensar que todo lo que palpo, siento, veo y admiro
simplemente no está ahí, siendo todo producto de cómo yo quiera que sea mi
realidad.
Que la
realidad no sea el “simple” hecho de levantarme, caminar, comer, dormir y
gastar mi tiempo; quiero que trascienda más allá del hecho de vivir,
transformándose en un caminar no rutinario del disfrute y no de ambigüedad en
cosas superfluas.
Que el
estudiar no sea simplemente por cumplir con el título, sino por disfrutar
realmente de lo que haces en todo momento; ser diferente al ejercer una profesión
con gusto y gozo, sin tener que hacerlo porque no hay más que hacer o donde
trabajar.
Que la
inseguridad de las calles no esté marcando el miedo a mantenerme en mí burbuja,
y que permita en mí burbuja meter a todos aquellos que están como yo al no
poder caminar libremente por el mundo.
Que todo
lo que no hice no me atormente, y pueda plasmar nuevas cosas que me den la
felicidad; aunque muchas veces creo que el término no existe, y otras veces
creo que yo marco la misma.
Que la
música y lo que escribo no sea mi fetiche, aunque hay veces que es todo en lo
que plasmo mis sentimientos y en donde dejo el libre fluir de mi inspiración;
inspiración sin límite en cada acorde ligado.
Que la religiosidad no marque el andar diario de quienes creen o piensan que creen en Dios, sino que esté marcado por el conocimiento real de quien es Dios; no solo por una palabra sino por el sentimiento real del corazón.
Que la
realidad al abrir los ojos no sea ver el sol, porque puede que él algún día se
sienta como yo y no quiera salir; que la realidad sea mi ver diario y no el
común de los pensamientos mortales pensados con cabeza ajena.
Por: Paúl Sánchez Páez
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