Lentamente
pingüinos y barbies caminan por los corredores de la iglesia, van alineados
como elefantes a presenciar el ritual al que muchos, asistimos simplemente por
cumplir con la familia y, es más, quedar bien con algunos.
Padrino
y madrina esperan con ansias al pequeño en sus brazos para poder darle su
bendición y, de alguna forma, darle su cuidado; aunque más bien, están pensando
en la farra gloriosa a pegarse a continuación en la casa de los padres del
guagua.